El ermitaño errante: Buñuel en Estados Unidos

Libro de Fernando Gabriel Martín, Tres Fronteras Ediciones/Filmoteca Regional ‘Francisco Rabal’, Murcia, 2010

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Una nueva contribución a la abundante —no siempre justificadamente— bibliografía dedicada a Luis Buñuel, aunque desde luego este libro de Fernando Gabriel Martín no es uno más. Su autor, catedrático de Historia del Cine y Medios Audiovisuales en la Universidad de La Laguna, se dedica con exhaustividad documental —también fotográfica— y a través de múltiples fuentes testimoniales a rastrear la relación de Buñuel con Estados Unidos, sobre todo por su actividad en suelo estadounidense durante los años que permaneció viviendo en el país: de 1930 a 1931 —cuando un previsible escándalo por el estreno de La edad de oro (L’âge d’or, 1930) hizo prudente aceptar una invitación de la industria hollywoodense— y de 1938 a 1946. Fundamentalmente, el libro se ocupa de su estancia en Nueva York y Los Ángeles esos años, pero también de su relación con el país a través del trabajo como supervisor de doblaje para compañías de Hollywood —Paramount y Warner Bros, en París y Madrid respectivamente—, de su implicación en coproducciones de México con Estados Unidos —Robinson Crusoe (The Adventures of Robinson Crusoe, 1954) y La joven (The Young One, 1960)—, o de su vinculación con intelectuales estadounidenses, como su admirador Henry Miller. Son años caracterizados por su improductividad desde el punto de vista de la autoría cinematográfica, llenos de lagunas o de falsas pistas —a las cuales a veces contribuía el propio Buñuel—, y que Gabriel Martín relata de forma amena, sirviéndose para ello de una polifonía de voces que se relevan de manera ágil a lo largo de sus nada excesivas 904 páginas. El estudio se presenta como un ordenado volumen, de diáfana estructura cronológica y abundantemente anotado. Su texto se acompaña también de numerosos cuadros informativos que amplian los diversos aspectos de la materia tratada. Puestos a ser quisquillosos, quizás hubiera sido apropiado dividir en dos tomos su elevado número de páginas con tal de hacer una obra más manejable, pero esta es una apreciación personal que en nada disminuye el disfrute y utilidad del libro.

Jaime Natche

Julio, 2010