Acercamiento a José Luis Guerin

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Los relatos de José Luis Guerin (Barcelona, 1960) se caracterizan por estar firmemente inscritos en una geografía y basar sus mecanismos narrativos en la exploración detenida de estos espacios. Podría intentarse, de hecho, describir una breve poética de su cine apoyándonos tan sólo en momentos aislados de sus películas en los que alguien que recorre esa localización encuentra un objeto en su camino; un objeto que seguramente no esperaba encontrar y que está, casi siempre, fuera de su contexto habitual.

1.- La dama y el tricornio

En Los motivos de Berta (1983), una mujer vestida con ropa del siglo XVIII baja de su caballo para descansar a la sombra de un árbol en algún lugar de la meseta castellana. El espectador sabe ya que este personaje no pertenece realmente al pasado ni a aquel sitio, sino que es una actriz extranjera que ha llegado allí acompañando a un equipo de rodaje para filmar una película. Cuando se sienta en el suelo descubre que bajo la tierra removida alguien ha escondido un tricornio de época. El espectador sabe también que quien lo hizo fue Berta, una adolescente del pueblo, tras conocer a un loco ermitaño de indumentaria a lo Werther que deambula por aquel paisaje a la espera de la llegada de su mujer, muerta en un accidente de coche. Fascinada por la personalidad fantástica del loco, Berta le roba el sombrero y lo entierra bajo el árbol con el fin de preservar su ensoñación romántica de la vista de los adultos.

La aparición de la dama de blanco, que podría interpretarse como una proyección imaginaria de las fantasías de Berta —aunque no deje de ser verosímil, en el orden de la narración, como una comediante disfrazada—, no será vista, sin embargo, por la muchacha. Asistimos, en cambio, a la perplejidad de la actriz, que no sabe cómo reaccionar ante el hallazgo de un objeto de época tan extraño en ese contexto pero que, al mismo tiempo, le atañe directamente y le parece increpar en la súbita escenografía que conforman. Es el espectador, al que le son dados los elementos desgajados de la ficción en un instante puramente contemplativo —sin consecuencia dramática—, el que tiene la oportunidad de experimentar las relaciones poéticas entre unos y otros; los virtuales puentes que pueden tenderse entre la existencia de los dos personajes. En el cine de José Luis Guerin, las narraciones no se proponen funcionar con eficacia, tal como se entiende en el cine clásico; la ambigüedad, los desplazamientos en el protagonismo de los personajes, el cuestionamiento contínuo del estatuto de las imágenes o la tendencia a la abstracción buscan la mirada partícipe del espectador, no la mirada entumecida por la costumbre. Partiendo de un profundo amor hacia los grandes creadores del cine clásico, la obra de Guerin asume aquella época como la de un paraíso perdido y busca cobijo en las brechas abiertas por el arte de la modernidad.

2.- La niña y el sombrero

Innisfree (1990) nacerá del deseo de rastrear la huella que la mirada de John Ford dejó en los paisajes irlandeses donde tuvo lugar el rodaje de El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952); los fragmentos de este film que aparecen durante la película de Guerin son auténticos flashbacks impresionados en la memoria colectiva de viejos y jóvenes. Uno de estos fragmentos muestra a Sean Thornton (o John Wayne) cuando, en una manifestación de alegría, se quita su sombrero y lo arroja lejos. En el siguiente plano, filmado por Guerin, una niña que anda por el campo tropieza con el sombrero, lo recoge y se lo pone para continuar su camino mientras canturrea un tema tradicional irlandés. Mediante una sencilla asociación del montaje, la presencia latente de la vieja película de Ford se ha materializado en la actualidad del lugar, y la niña responde con su gesto infantil a la acción de un John Wayne muerto hace años.

El cine, anclado inevitablemente en un tiempo indiferente al de los vivos, es capaz de dialogar con el presente si para ello existe el auspicio de una mirada, un punto de vista que reanime el espíritu de sus imágenes. Innisfree invoca el legado del film de Ford a partir de las correspondencias secretas entre el ayer y el hoy que el cineasta Guerin ha sido capaz de percibir en la rutina diaria de una pequeña comunidad, prestando especial atención a todo aquello que no figuraba como prioritario en las intenciones de un realizador clásico proviniente de Hollywood, pero que, de algún modo, queda implícito en el fondo de esas imágenes.

La filmaciones cautivas del celuloide volverán a ser las protagonistas en Tren de sombras (1996), donde la presencia de los que se han ido se rastrea en la soledad de las dependencias que un día los albergaron y en las sombras que acompañan la llegada de la noche. Una anónima filmación familiar de los años treinta es esta vez el testimonio de la vida pasada al que alguien, desde el presente de la película de Guerin, intenta encontrarle un sentido examinándola minuciosamente en una moviola, drenando las posibles historias que el azar fijó en ella para un espectador de la posteridad.

3.- El paseante y la osamenta

En una de las secuencias de En construcción (2000), una necrópolis que permanecía oculta desde el tiempo de los romanos surge un buen día del subsuelo de un céntrico barrio de Barcelona. Las obras llevadas a cabo para construir un nuevo edificio han descubierto, a los ojos de los vecinos, una reunión de esqueletos que ahora desprenden con cuidado los arqueólogos, convirtiendo aquel espacio en el centro de atención de los periodistas y de la gente que pasa por la calle. Sin embargo, el cineasta decide no mirar hacia donde mira todo el mundo y, en su lugar, detiene su mirada en las reacciones que suscita ese encuentro, es decir, mira hacia otro lado. De este modo, limitando voluntariamente su campo de visión a lo que menos interesante podría parecer en un principio, a los vecinos que acuden y comentan entre ellos el insospechado hallazgo, Guerin reúne —casi sin buscarlo— un microcosmos, una pequeña caja de resonancia del paisaje humano del barrio, reveladora en su más amplia dimensión de las inquietudes y los sentimientos, muchas veces contradictorios, que representan al hombre en esta vida que pasa prácticamente sin que uno se de cuenta.

Jaime Natche

Publicado en Miradas de Cine nº 63, junio de 2007, dentro del estudio Europa XXI.