Indicios para las redes sociales

Para formentar el interés en las redes sociales de cara al estreno comercial en cines españoles de Dos metros de esta tierra el próximo 19 de septiembre, la distribuidora Intermedio ha ido publicando algunas informaciones donde se sugieren resonancias o referentes presentes en la película. El 10 de septiembre aparecía lo siguiente en la página de Facebook:

En un largo ensayo sobre Dos metros de esta tierra escrito por Jean-Pierre Rehm —a publicarse en el próximo número monográfico de la revista francesa Vertigo (Revue de cinéma) bajo el tema Postpolitique / Contrefeux—, el responsable del FID Marseille comienza trazando ciertas conexiones con Ici et ailleurs (1976), que Jean-Luc Godard realizó dentro del Grupo Dziga Vertov con combatientes palestinos en Jordania: «Dos metros de esta tierra también se inicia con imágenes de archivo; es decir, con una confrontación. ¿Cómo hablar de un aquí sin ahora? Respuesta: a partir, por ejemplo, del ayer, de un tiempo justamente próximo a aquel en que se rodó el film de Godard. Pero más que la suma de un cara a cara, en la película de Natche confrontación significa la capacidad de ver, mirando largamente».

Y hoy, 11 de septiembre:

Mencionamos ayer ciertas resonancias que de la película palestina de Jean-Luc Godard y el Grupo Dziga Vertov (Ici et ailleurs, 1976) pueden rastrearse en Dos metros de esta tierra (2012), de Ahmad Natche. Uno de los colaboradores de Godard en aquel film, Elias Sanbar, es autor de una obra clave para el estudio de la problemática visibilidad de los palestinos durante el siglo XX —habitantes de un espacio, Palestina, que los fundadores de Israel querían considerar “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. El libro Les Palestiniens: la photographie d’une terre et de son peuple de 1839 à nos jours (Ed. Hazan, 2004) fue una esencial fuente de inspiración para la concepción de Dos metros de esta tierra, que llega a cines españoles el 19 de septiembre.

 

Cahiers du Cinéma-España sobre la revolución árabe y el cine

Con algo de retraso llega a mis manos el número de abril de Cahiers du Cinéma-España, que dedica una gran parte de sus páginas a analizar el flujo y reflujo de las actuales revueltas árabes y el cine. Participan en él algunos cineastas con los que entablé relación los últimos años: los egipcios Basel Ramsis y Ahmad Abdallah, o la jordano-palestina Azza El Hassan.

Es encomiable una iniciativa como esta, aunque sería apropiado que, en la siguiente aproximación a la cultura árabe que emprenda la revista, cuente con un buen asesor para el uso de la lengua. Pues en árabe solo hay un modo de escribir Revolución:

الثورة

Michel Khleifi en Madrid

Conocí al cineasta Michel Khleifi en la inauguración de la Muestra de cine palestino de Madrid, en el Cine Doré, el pasado viernes. Acudía a presentar su último largometraje, Zindeeq (2009), protagonizado por Mohammad Bakri, que también llegará a la muestra esta semana.

Michel Khleifi (nacido en Nazaret y afincado en Bruselas) es un nombre clave en la historia del cine palestino. Si Mustafa Abu Ali, del que hablaba hace unos meses, es el primero que realiza de forma sistemática un cine de preocupaciones palestinas, Khleifi es el primero que lo puso en el mapa desde que en 1987 entusiasmara a los festivales internacionales con Boda en Galilea (عرس الجليل), también considerado como el primer largometraje palestino propiamente de ficción (con un guión y actores que lo representan).

Khleifi es un tipo cálido y sencillo. Me autopresenté a la salida de la proyección felicitándole por su película y diciéndole que yo también estuve filmando en Palestina hace un año, y que su hermano George Khleifi, realizador y productor de televisión en Ramala, había sido un interlocutor muy valioso durante la preparación del rodaje.

Venía desde Bruselas con la película bajo el brazo, en un vídeo-casete Betacam. El film se rodó en Super-16mm, pero finalmente no hubo presupuesto suficiente para hinchar a película de 35mm —aunque ganó un importante premio de postproducción en el festival de Dubai hace un año—, así que ha renunciado a proyectarlo en cine y lo hace en vídeo allí adonde va.

Que este pionero del cine palestino, en su primer largometraje de ficción en catorce años, haya regresado a sus orígenes practicando una creación de la pobreza (como decía contraponiéndola a una pobreza de la creación), es una demostración de humildad y una prueba de que la libertad del cine tiene que buscarse —cada vez más— en los dominios del vídeo.

…y “Miral”

Justo el mismo día que Guest, el pasado jueves 2 de septiembre, se presentó en la Mostra de Venecia —en la competición oficial por el León de Oro— el film de Julian Schnabel Miral, basada en la novela del mismo título de la palestina Rula Jebreal, que también firma el guión.

La película, una superproducción histórica, narra la historia de cuatro mujeres árabes que conviven en un orfanato de Jerusalén, en una periodo de tiempo que abarca desde la creación del Estado de Israel en el año 1948 hasta los acuerdos de paz de Oslo en 1993. Por criterios comerciales, está hablada casi íntegramente en inglés, aunque sus protagonistas y gran parte de sus ínterpretes son árabes palestinos. Es una coproducción de Francia, Israel, Italia e India —aunque cuenta con el apoyo, en la distribución, de los estadounidenses hermanos Weinstein—, y está filmada en localizaciones de Jerusalén, Ramala y Tel Aviv.

Schnabel declaró en la rueda de prensa que su «responsabilidad como judío americano era contar esta historia desde el otro lado de la alambrada».

«Desde el otro lado de la alambrada», supuestamente un buen lugar para contar la historia.

Miral es, según pude averiguar, uno de los tres únicos largometrajes de ficción filmados durante el año pasado en los territorios palestinos.

Los otros dos, aún en proceso, fueron Habibi Rasak Kharban (Darling, Something’s Wrong with Your Head), de Susan Youssef, y Dos metros de esta tierra.