VI Muestra de Cine Palestino de Madrid

La sexta edición de la Muestra de Cine Palestino de Madrid comienza el martes 1 de diciembre en el Cine Doré (Filmoteca Española). En ella se podrán ver algunas obras representativas de la más reciente producción de la región, que desafortunadamente no puede descubrirse de otro modo pues apenas accede a una distribución comercial en los cines españoles. Para esta muestra se ha programado, por ejemplo, la película de animación The Wanted 18 (2014), de Paul Cowan y Amer Shomali que diseña también el cartel de este año, 3000 Layla (Tres mil noches) (2015), de Mai Masri, el cortometraje Ismail (2013), de Nora Alsharif, o los documentales The Unbearable Presence of Asmahan (La insoportable presencia de Asmahan, 2014), de Azza El-Hassan, The Goodness Regime (El régimen del bien, 2013), de Jumana Manna y Sille Storihle, y Roshmia (2014), premiado primer largometraje de mi amigo Salim Abu Jabal, que recomiendo rotundamente (se proyecta el miércoles 2 a las 21:20).

La programación completa puede consultarse aquí.

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Cine palestino en la Seminci

 

En la 60ª edición de la Semana Internacional de Cine, que se celebra del 24 al 31 de octubre en Valladolid, se proyectan por primera vez en España dos películas de directores y equipos palestinos, a algunos de cuyos miembros tengo la suerte de conocer y de cuyos procesos de producción estuve al corriente desde que comenzó la búsqueda de actores.

Dentro de la Sección oficial participa Dégradé (presentada mundialmente en la Semaine de la Critique del pasado Festival de Cannes), debut en el largometraje de los directores de Gaza Tarzan y Arab Nasser, y, dentro de la sección Punto de encuentro, 3000 Layla (3000 Nights), primer largometraje de ficción de la directora curtida en el documental Mai Masri.

Sobre cómo me encontré bailando con los gemelos Tarzan y Arab Nasser bajo una luna de verano en Ammán, si a alguno de los discretos lectores pudiera interesarle, ya habrá mejor ocasión de hablar.

Fuente: Telerama

Indicios para las redes sociales

Para formentar el interés en las redes sociales de cara al estreno comercial en cines españoles de Dos metros de esta tierra el próximo 19 de septiembre, la distribuidora Intermedio ha ido publicando algunas informaciones donde se sugieren resonancias o referentes presentes en la película. El 10 de septiembre aparecía lo siguiente en la página de Facebook:

En un largo ensayo sobre Dos metros de esta tierra escrito por Jean-Pierre Rehm —a publicarse en el próximo número monográfico de la revista francesa Vertigo (Revue de cinéma) bajo el tema Postpolitique / Contrefeux—, el responsable del FID Marseille comienza trazando ciertas conexiones con Ici et ailleurs (1976), que Jean-Luc Godard realizó dentro del Grupo Dziga Vertov con combatientes palestinos en Jordania: «Dos metros de esta tierra también se inicia con imágenes de archivo; es decir, con una confrontación. ¿Cómo hablar de un aquí sin ahora? Respuesta: a partir, por ejemplo, del ayer, de un tiempo justamente próximo a aquel en que se rodó el film de Godard. Pero más que la suma de un cara a cara, en la película de Natche confrontación significa la capacidad de ver, mirando largamente».

Y hoy, 11 de septiembre:

Mencionamos ayer ciertas resonancias que de la película palestina de Jean-Luc Godard y el Grupo Dziga Vertov (Ici et ailleurs, 1976) pueden rastrearse en Dos metros de esta tierra (2012), de Ahmad Natche. Uno de los colaboradores de Godard en aquel film, Elias Sanbar, es autor de una obra clave para el estudio de la problemática visibilidad de los palestinos durante el siglo XX —habitantes de un espacio, Palestina, que los fundadores de Israel querían considerar “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. El libro Les Palestiniens: la photographie d’une terre et de son peuple de 1839 à nos jours (Ed. Hazan, 2004) fue una esencial fuente de inspiración para la concepción de Dos metros de esta tierra, que llega a cines españoles el 19 de septiembre.

 

Cahiers du Cinéma-España sobre la revolución árabe y el cine

Con algo de retraso llega a mis manos el número de abril de Cahiers du Cinéma-España, que dedica una gran parte de sus páginas a analizar el flujo y reflujo de las actuales revueltas árabes y el cine. Participan en él algunos cineastas con los que entablé relación los últimos años: los egipcios Basel Ramsis y Ahmad Abdallah, o la jordano-palestina Azza El Hassan.

Es encomiable una iniciativa como esta, aunque sería apropiado que, en la siguiente aproximación a la cultura árabe que emprenda la revista, cuente con un buen asesor para el uso de la lengua. Pues en árabe solo hay un modo de escribir Revolución:

الثورة

Michel Khleifi en Madrid

Conocí al cineasta Michel Khleifi en la inauguración de la Muestra de cine palestino de Madrid, en el Cine Doré, el pasado viernes. Acudía a presentar su último largometraje, Zindeeq (2009), protagonizado por Mohammad Bakri, que también llegará a la muestra esta semana.

Michel Khleifi (nacido en Nazaret y afincado en Bruselas) es un nombre clave en la historia del cine palestino. Si Mustafa Abu Ali, del que hablaba hace unos meses, es el primero que realiza de forma sistemática un cine de preocupaciones palestinas, Khleifi es el primero que lo puso en el mapa desde que en 1987 entusiasmara a los festivales internacionales con Boda en Galilea (عرس الجليل), también considerado como el primer largometraje palestino propiamente de ficción (con un guión y actores que lo representan).

Khleifi es un tipo cálido y sencillo. Me autopresenté a la salida de la proyección felicitándole por su película y diciéndole que yo también estuve filmando en Palestina hace un año, y que su hermano George Khleifi, realizador y productor de televisión en Ramala, había sido un interlocutor muy valioso durante la preparación del rodaje.

Venía desde Bruselas con la película bajo el brazo, en un vídeo-casete Betacam. El film se rodó en Super-16mm, pero finalmente no hubo presupuesto suficiente para hinchar a película de 35mm —aunque ganó un importante premio de postproducción en el festival de Dubai hace un año—, así que ha renunciado a proyectarlo en cine y lo hace en vídeo allí adonde va.

Que este pionero del cine palestino, en su primer largometraje de ficción en catorce años, haya regresado a sus orígenes practicando una creación de la pobreza (como decía contraponiéndola a una pobreza de la creación), es una demostración de humildad y una prueba de que la libertad del cine tiene que buscarse —cada vez más— en los dominios del vídeo.