Un tiempo después

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Es común experimentar, al abandonar el entorno habitual, una percepción diferente del transcurrir cotidiano. Esta diferencia es más acusada en un lugar donde se padece la circunstancia excepcional de haber sido desposeído del territorio propio. Un lugar donde la espera por la restitución de una justicia indefinidamente postergada segrega una precaria vivencia del tiempo. Después de pasar tres meses en Palestina, uno se habitúa a esa perversión de la costumbre.

Como la de aquel hombre junto al que te sientas una tarde en el autobús de Jerusalén a Ramala. Su hijo, que se llama como tú, fue detenido por el ejército israelí en su barrio de Jerusalén debido a sospechas infundadas y llevado a prisión. La familia no puede visitarle más que un día al mes. Al menos —te cuenta sin perder el ánimo— ya solo quedan dos años de los cinco a los que fue condenado. El autobús que tomas cada mañana en sentido contrario debe franquear un puesto de control militar para acceder a Jerusalén. Esa obligada humillación, junto al muro de separación israelí que a su alrededor incomunica áreas tradicionalmente vecinas, no logra minar la obstinación de los palestinos que lo transitan a diario. El tiempo necesario para ir de uno al otro lado, atravesando el pasillo enrejado del control militar, será siempre indeterminado; los pocos kilómetros que separan Ramala de Jerusalén se pueden convertir en interminables horas. Esa distancia que sus antepasados superaban sin obstáculo es la que el palestino de hoy vence, resignándose a desperdiciar su tiempo, para defender sus raíces. El trayecto que estos días recorres a motor y a pie es también el que siguió el niño Jesús con sus padres cuando hacían el camino de Belén a Nazaret. Te cuentan que, en uno de sus descansos, muy probablemente pudo darles sombra el milenario olivo junto a la casa donde vives. Te dices que la fortaleza del árbol consiste en pertenecer a otro tiempo; uno ajeno a esa duración incansable que los hombres engañan con su esperanza.

(En la imagen, una calle de la ciudad vieja de Hebrón).

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