Film review by Chris Fujiwara (ENG/ESP)

(Leer traducción al ESPAÑOL abajo)

Spaces That Represent the Audience:

Two Meters of This Land by Ahmad Natche

Final preparations are under way for a music festival in Ramallah. Journalists from print and television, musicians, dancers, stage hands, and volunteers converge on the open-air site of the festival. Ahmad Natche’s Two Meters of This Land surveys this process in a calm succession of formally composed shots, frames that are architectural as much as cinematic, defining spaces that little by little fill up with the people of the film. These people, limited in number, are photographed in a discreet yet confident way that allows a quick and precise estimation of human individuality. The spaces they occupy, too big for the few people we see, seem to summon the absent performance acts and the absent audience.

Before showing the preparations for the festival, the film begins with another preparation. As we see a series of still photographs of Palestinian fighters, we hear the voices of two TV professionals, a man and a woman, discussing them. A few things can be said about the relation of this prologue to the rest of the film.

First, it would be too easy to understand that the structure of Two Meters of This Land puts in parallel two sets of images, designating two Palestines, the Palestine of armed struggle (here placed in the past), and the Palestine of cultural politics (the present), in order to suggest that the music festival is simply a continuation of war by other means. Of course the film is not saying this, and the parallel is in fact a misleading one. The prologue of the film creates an imbalance and leaves things troublingly open. The images of fighters indicate a historical path that has trailed off and become lost. And the testimony of a refugee woman, in what appears to be a scene shot for the TV documentary (as the the rough zooms in and out imply), is another door left open. Her words and manner show the difficulty of sustaining traumatic memory and placing it within discourse.

These early scenes of the making of the TV documentary mark a historical break that Natche’s film refuses to seal over. On one side of the break lie the loss of the homeland and the idealism of the armed efforts to recover it; on the other side, the cultural festival and the new sort of optimism evident in the activities of the (cosmpolitan, multilingual) young people who work in, for and around it.

The second thing to say about the prologue is that it establishes the awareness that everything that can be seen or said about Palestine is produced for a complex gaze. The conversation between the man and the woman emphasizes how Palestine is represented and known. The woman is French, with her own preconceptions and her own gaps of knowledge; and the man, a TV director, is conscious of how the images will be seen by Europeans.

Neither the Western nor the Palestinian audience is shown directly in Natche’s film. In their place, representing them, are the spaces prepared for the festival audience. In one scene, two female reporters walk across a bank of empty chairs, as the younger woman invites the older one to move to the background of Natche’s shot for an interview. After they finish this formal interview (inaudible to us), they return to the foreground to continue their informal chat (which we can hear). The profound interest of Two Meters of This Land can be encapsulated in this shot, with its elegant mise en scène of human beings passing from one discourse to another and from one audience to another, within a space that has been constructed for yet a third audience, which still lies in the future.

By Chris Fujiwara

(Published in the Yamagata International Documentary Film Festival daily bulletin, October 15, 2013. Avallable online here)

Espacios que representan al público:

Dos metros de esta tierra, de Ahmad Natche

(Traducción al ESPAÑOL)

Los preparativos finales están en marcha para un festival de música en Ramala. Periodistas de prensa y televisión, músicos, bailarines, técnicos y voluntarios convergen en el recinto al aire libre del festival. Dos metros de esta tierra, de Ahmad Natche, describe este proceso en una sucesión pausada de planos formalmente muy compuestos, encuadres que son tan arquitectónicos como cinematográficos, definiendo los espacios que poco a poco se llenan con los protagonistas de la película. Estas personas —de reducido número— se filman de una manera discreta, incluso confidencial, lo que permite una visión rápida y precisa de la individualidad humana. Los espacios que ocupan —demasiado grandes para la poca gente que vemos— parecen convocar la celebración de un espectáculo ausente para un público ausente.

Antes de mostrar los preparativos del festival, la película comienza con otra preparación. Mientras vemos una serie de fotografías de combatientes palestinos, escuchamos las voces de dos profesionales de la televisión (un hombre y una mujer) hablando acerca de ellas. Se pueden decir algunas cosas sobre la relación de este prólogo con el resto de la película.

En primer lugar, sería muy fácil entender que la estructura de Dos metros de esta tierra pone en paralelo dos conjuntos de imágenes, designando dos Palestinas —la Palestina de la lucha armada (situada aquí en el pasado) y la Palestina de la política cultural (el presente)—, con el fin de sugerir que el festival de música es simplemente una continuación de la guerra por otros medios. Por supuesto, la película no dice esto y la asociación es en realidad engañosa. El prólogo de la película crea un desequilibrio y deja las cosas inquietantemente abiertas; las imágenes de los combatientes indican una senda histórica que dejó de transitarse y parece perdida. Y el testimonio de una mujer refugiada, en lo que parece ser una escena en bruto filmada para un programa de TV (como sugieren los bruscos zoom acercándonos y alejándonos de ella), es otra puerta abierta. Sus palabras y comportamiento muestran la dificultad de sostener un recuerdo traumático y colocarlo en el interior del discurso.

Estas escenas iniciales de la elaboración del programa de televisión marcan una fisura histórica que la película de Natche se niega a suturar. A un lado de esta hendidura se encuentra la pérdida de la patria y el idealismo de los esfuerzos armados para recuperarla; por otro lado, el festival cultural y la nueva corriente de optimismo evidente en las actividades de los (cosmopolitas, multilingües) jóvenes que trabajan en, para y en torno a ella.

La segunda cosa que hay que decir sobre el prólogo es que establece la conciencia de que todo lo que puede ser visto o dicho sobre Palestina se produce por una compleja mirada. La conversación entre el hombre y la mujer pone de relieve la forma en que Palestina es conocida y representada. La mujer es francesa, con sus propios prejuicios y sus propias lagunas de conocimiento, y el hombre (un director de televisión) es consciente de cómo las imágenes serán captadas por los europeos.

Pero ningún público, occidental o palestino, se muestra directamente en la película de Natche. En su lugar, en representación de ellos, están los espacios preparados para el público del festival. En una escena, dos muchachas periodistas caminan a través de unas filas de sillas vacías, cuando una de ellas invita a la otra a ir al fondo del plano para una entrevista. Tras terminar esta entrevista formal (inaudible para nosotros), vuelven al primer término para continuar su charla informal (que podemos escuchar). El profundo interés de Dos metros de esta tierra se puede encapsular en este plano, con su elegante puesta en escena de seres humanos que pasan de un discurso a otro y de un público a otro, en un espacio que se ha construido para un tercer público que todavía permanece en el futuro.

Por Chris Fujiwara

(Traducción al español del texto publicado originalmente en inglés en el boletín diario del Yamagata International Documentary Film Festival, 15 de octubre de 2013. Disponible aquí)

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