En “Páginas del diario de Satán” (Perú)

(ENGLISH translation below)

El reputado crítico peruano Isaac León Frías dedica un generoso comentario a Metran men hada al-turab (Dos metros de esta tierra) con motivo de su participación en la Competición Internacional de TRANSCINEMA (Lima).

Dos metros de esta tierra

Uno de los films más sugestivos que se exhibe en la primera edición del Festival TRANSCINEMA es esta producción palestina del director hispano-palestino Ahmad Natche. El título proviene de uno de los últimos poemas de Mahmud Darwich, considerado el poeta nacional palestino más importante, y el espacio de la acción se sitúa al lado de la tumba del poeta. Prácticamente todo lo que vemos corresponde a la parte exterior de un teatro que cuenta con un escenario al aire libre, y en algunos camerinos y pequeños interiores, en una aparente zona suburbana de Ramala. En esos espacios circulan y dialogan periodistas, técnicos y artistas, tanto palestinos como extranjeros, que van a participar en un concierto de música popular. El relato se concentra en una tarde de verano.

En un cierto sentido la película se limita a los ejes señalados: exteriores de un teatro más unos pocos interiores, personajes que dialogan, tarde de verano, concierto que se avecina… Sin embargo, y contra lo que algunos pudiesen esperar, no vemos el concierto, y no porque la acción previa anticipe que lo vamos a ver, sino porque es una de las expectativas posibles si se tratara de un documental o un semidocumental convencional, con preparación y desarrollo de un espectáculo. No va por ahí la propuesta de Dos metros de esta tierra. A Natche no le interesa el concierto como tal, ni siquiera en rigor la preparación del mismo, sino la ocasión en que diversos participantes se reúnen y conversan en torno a sus propias inquietudes y deseos, sin el menor tono sentencioso y de una manera libre y espontánea en la que casi no aparece el trasfondo político que abruma a la nación palestina, lo que muchos esperarían dado que estamos habituados a verlo, prácticamente en todas las películas palestinas a las que hemos tenido acceso.

Pero una película puede aludir a un contexto sin necesidad de hacerlo de manera explícita, y esta es un ejemplo de esa opción. Dos metros de esta tierra se limita desde su título (literal y metafóricamente preciso) a un espacio reducido, que no es en este caso un lugar de encierro propiamente dicho, y en esa atadura de los encuadres (prácticamente sin movilidad de la cámara) a esos pequeños reductos, alude de manera muy elocuente al encierro de toda una nación en tiempo de espera, cuya existencia se ve privada de ese horizonte que sólo en el plano final que mira hacia las afueras se abre levemente, como un impulso de aire y libertad.

Por Isaac León Frías (artículo original aquí)

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(ENGLISH translation of this article originally in Spanish)

Two Meters of This Land

One of the most suggestive films screened at the first TRANSCINEMA Film Festival is this Palestinian production by the Spanish-Palestinian director Ahmad Natche. The title comes from one of the last poems of Mahmoud Darwish —considered the most important Palestinian national poet—, and the space of the action is located next to the tomb of the writer. Virtually everything we see belongs to the outside field of a theater with an outdoor stage, as well as in some small interiors and dressing rooms —in what seems the outskirts of Ramallah. At these spaces, journalists, technicians and artists —both Palestinians and foreigners— who will participate in a popular music concert circulate and dialogue. All the story takes place on a summer evening.

In a sense, the action of the film is limited on the marked axes: outdoor and a few indoors of the theater, people talking, a summer evening, a concert which is coming… However —contrary to what some people might wait for— we will not see the concert; not because the previous action anticipate that we will see it, but because that would be one of the possible expectations in a conventional documentary or semi-documentary film about the preparation and development of a show. The purpose of Two Meters of This Land is not about that. Natche is not interested in the concert as such —nor actually in the preparation itself—, but in the chance in which several people meet and talk about their own concerns and desires, without any judgmental tone and in a free and spontaneously way, where the political background that overwhelm to the Palestinian nation hardly appears —which is what many viewers would expect since we are used to see it in almost every Palestinian film we could watch.

But films can allude to a context without explicitly doing it, and this is an example of that option. From its title —literally and metaphorically accurate— Two Meters of This Land restricts itself to a small space, which, in this case, is not a place of confinement. And in the binding of the frames —with virtually no camera movements— to those little enclosed spaces, the film will very eloquently allude to the closure of a whole nation in standby, whose existence is deprived of the horizon that only slightly opens at the final shot that faces the distance, as an impulse of air and freedom.

By Isaac León Frías

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