Reseña/Review – Diario Austral, Chile

Una lección de humanidad

Por Alejandro Lingenti

(ENGLISH translation below)

Se ha dicho que Mahmud Darwish es el respiro esencial del pueblo palestino, el testigo elocuente del exilio y la pertenencia. Considerado uno de los mayores poetas palestinos, Darwish aparece dando su testimonio en la inquietante y politizada Notre musique, de Jean-Luc Godard, y ha sido también fuente de notoria inspiración para el joven Ahmad Natche, director nacido en Sevilla y formado en la famosa escuela de San Antonio de los Baños, Cuba. En Dos metros de esta tierra, Natche pone el foco en la organización de un festival de música tradicional en la pequeña ciudad de Ramala, próxima a Jerusalén. Por allí andan técnicos, asistentes, músicos y estudiantes, trabajando, conversando o simplemente esperando que todo quede listo para el inicio del evento. Lo notable de la película —la única estrenada este año que se produjo en los territorios palestinos ocupados por los israelíes en 1967, tras la Guerra de los Seis Días, y cedidos a la Autoridad Nacional Palestina en 1994— es su eficacia para mostrar una faceta poco transitada de ese pueblo del que suele observarse casi siempre un perfil cristalizado, el de la resistencia con el cuerpo ante la opresión de un estado salvaje y armado hasta los dientes.

En Dos metros de esta tierra se privilegia la contemplación sobre la denuncia, y los mensajes aparecen delineados con sutileza, en alguna charla al paso, en la inscripción de una camiseta o en las convicciones de una joven periodista palestina que discurre con gracia e inteligencia sobre las diferencias entre un oficio en el que está dando sus primeros pasos y su labor como poeta. El periodista simplifica, reduce fenómenos de gran magnitud, mientras que el poeta agiganta pequeñeces para hacerlas perdurables. Eso dice ese personaje fundamental de esta historia teñida de aparente levedad para entregarnos una de las claves de la película. El film justamente trasciende el registro puramente documental porque confía mucho más en uno decididamente poético. En un tramo de esta historia coral, un joven técnico palestino detiene su trabajo sobre el escenario donde se desarrollará el espectáculo central para conversar con una fotógrafa japonesa que domina rudimentos de su idioma por haber pasado un año en Egipto. En ese intercambio por momentos fluido, a veces un poco confuso pero siempre lleno de simpatía y ternura también hay una clave: es posible comunicarnos, si tenemos voluntad de hacerlo. Al lenguaje de los tanques y las balas, Natche opone el del diálogo. Su ópera prima es, sobre todas las cosas, una apuesta por el humanismo.

Alejandro Lingenti es periodista argentino, director del largometraje Ocio, basado en una novela de Fabián Casas. Artículo publicado en el Diario Austral de Chile (4 de octubre de 2012). Consultable aquí.

A lesson in humanity

By Alejandro Lingenti

It has been said that Mahmoud Darwish is the essential breath of the Palestinian people, the eloquent witness of exile and belonging. Considered one of the greatest Palestinian poets, the testimony of Darwish appeared in the disturbing and politicized Notre musique by Jean-Luc Godard, and he was also notorious source of inspiration for the young Ahmad Natche, director born in Seville and trained in the famous Film School of San Antonio de los Baños, Cuba. In Two Meters of This Land, Natche puts the focus on the organization of a traditional music festival in the small city of Ramallah, near Jerusalem. Some technicians, assistants, musicians and students, are working there, chatting or just hoping that everything is ready for the start of the event. The remarkable thing of this film —the only film released this year produced in the Palestinian territories occupied by Israel in 1967, after the Six-Day War, and ceded to the Palestinian Authority in 1994— is its efficiency by showing a little shown side of this people that is always seen through a crystallized profile, as the resistance of the body against the oppression of a wild and armed to the teeth State.

In Two Meters of This Land, contemplation is privileged over complaint, and messages appear subtly delineated, like in a casual chat, in the inscription of a T-shirt or in the beliefs of a young Palestinian journalist who talks with charm and intelligence about the differences between a profession where is a beginner and her work as a poet. The journalist simplifies, reduces large-scale phenomena, while the poet enlarges small things to make them enduring. This is what that essential character says in this story tinged with apparent lightness and it is one of the keys to the film. The film fairly goes beyond the purely documentary gesture because it trusts in a more determined poetic one. In a moment of this coral story, a young Palestinian technician stops working on the stage where the main show will take place to talk with a Japanese photographer, who has some skills on their language because she spent one year in Egypt. In this exchange —fluid at times, sometimes a little confusing but always full of friendliness and tenderness— there is a key as well: it is possible to communicate between ourselves, if we have the will to do it. To the language of tanks and bullets, Natche opposes the dialogue. His debut is, above all, a commitment to humanism.

Alejandro Lingenti is an Argentinian journalist, director of the film Ocio (Leisure), based on a novel by Fabián Casas. Artíicle published in the Chilean newspaper Diario Austral (October 4, 2012). Available here.

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