Entrevista/Interview: La Maleta

Breve diálogo publicado en el número 6 del diario La Maleta (periódico del Festival Internacional de Cine de Valdivia), página 5, el domingo 7 de octubre. Descargable en esta página.

(ENGLISH translation below)

“El cine debe crear un lenguaje basado en la sugerencia”

Ahmad Natche sobre Two Meters of This Land

Roberto Doveris (RD): Llama la atención la puesta en escena en Two Meters of This Land, pareciera que somos testigos distantes de algo que ocurre y poco a poco nos vamos enterando de qué va. ¿Te sientes más cómodo con una aproximación contemplativa?

Ahmad Natche (AN): Esa distancia a la que aludes y el no saber muy bien lo que pasa se debe a mi forma de concebir el medio cinematográfico. Para mí, el cine es un instrumento de observación muy preciso, con una capacidad única para registrar las apariencias de la vida real. Gracias a la cámara se puede visualizar lo que de otro modo pasaría inadvertido al ojo humano. Pero al mismo tiempo, para justificarse como arte, el cine debe crear un lenguaje basado en la sugerencia. Esto supone que el espectador complete la visión que propone la película aportando su propia experiencia, colaborando con su imaginación. Si el cineasta cuenta o muestra demasiado, si explicita mucho sus ideas en la pantalla, roba un lugar que corresponde al espectador; impide la existencia de un espacio común, de comunicación entre la película y su público.

Al no dar suficientes detalles, al dejar un margen de indeterminación en mi película, lo que pretendo justamente es que el espectador se sienta interrogado por las imágenes y los sonidos, y por lo que éstos transmiten de la vida real.

RD: Tu cámara captura fragmentos unidos por una misma actividad, la preparación de un festival de música palestina. ¿Cómo te planteas la escritura del guión en relación a esta fragmentación, como una suma de personajes y acciones?

AN: Tenía claro que quería situar la acción del film en un contexto como éste porque permitía mostrar aspectos de la vida cotidiana palestina en un marco singular que se produce una vez al año y no es muy conocido. Pensaba también que si concentraba el tiempo y el espacio de la acción podría profundizar más en su observación.

Para preparar el guión seguí muy de cerca lo que pasa en esta clase de celebraciones. Pasé muchas horas observando y tomando notas de todo lo que ocurría en varios festivales palestinos, desde los ensayos hasta el final del espectáculo. Me fijé en las situaciones y personajes que se repetían en todos los eventos, y a partir de ello, pensé en otras situaciones que pudieran surgir naturalmente de esa realidad.

RD: La película muestra el complejo cruce de culturas en el que se juega la cultura palestina. Los diálogos son muy ricos respecto a este punto, ¿cómo los trabajas? ¿Son actores o no actores? ¿Los diálogos están escritos o se improvisan?

AN: En todo momento traté de ser respetuoso con la realidad dada, de intervenir lo menos posible en ella. El festival de música es un acontecimiento real, pero sirve de escenario a una ficción que yo invento y escenifico (aunque sea mínimamente), de modo que en la película conviven distintos niveles de realidad. Este respeto por lo inmediato se extiende también a los actores. Salvo una de las personas que aparecen en la película (la muchacha del camerino), ninguno se dedica profesionalmente a la actuación. Puede decirse que los “no-actores” en el film hacen de sí mismos porque responden a su nombre, las palabras también les pertenecen y porque desempeñan el mismo papel que en su vida diaria.

Es necesario crear imágenes diversas sobre la vida palestina, pero también hace falta liberarla de las imágenes-clichés a las que nos han acostumbrado los medios de información, y para ello es necesario interrogarse por la manera de relatar y pensar en nuevas formas.

Short dialogue published in the daily “La Maleta”#6 (the Valdivia International Film Festival newspaper), page 5, on Sunday October 7. Downloadable on this page.

“Cinema should create a language based on suggestion”

Ahmad Natche on Two Meters of This Land

Roberto Doveris (RD): It is quite striking the mise en scène in Two Meters of This Land. It seems that we are distant witnesses of something that happens and little by little we are learning how it goes. Do you feel more comfortable with a contemplative approach?

Ahmad Natche (AN): The distance you allude to and the feeling of not knowing what is really going on owes to my conception of filmmaking. For me, cinema is a very precise tool of observation, with a unique ability to preserve the appearances of the real life. The camera can visualize what  otherwise would pass unnoticed to the human eye. But at the same time —to be justified as art— cinema should create a language based on suggestion. This means that the audience has to complete the proposed vision of the film by giving the own experience, collaborating with their imagination. If the director tells or shows too much —if his ideas are very explicit on screen—, he steals a place that belongs to the spectator, preventing the existence of a common space of communication between the film and its audience.

By not giving enough details —by allowing a margin of uncertainty in my film—, what I precisely want to achieve is to let the viewer feel interrogated by images and sounds, and what they communicate from the real life.

RD: Your camera captures fragments linked by the same activity: the preparation of a Palestinian music festival. How do you approach writing the script in relation to this fragmentation, as an adding of characters and actions?

AN: I was clear about setting the action of the film in a context like this because it allowed me to show aspects of Palestinian daily life in a unique situation that occurs once a year and is not well known. I also thought that if I concentrated time and space of the action I could go deeper on the observation.

To prepare the script I followed very closely what happens in these kinds of events. I spent many hours watching and taking notes of everything going on in several festivals Palestinians, from the rehearsal to the end of the show. I looked at the situations and characters that were repeating in every event, and I thought in other situations that may naturally arise from that reality.

RD: The film shows the complex cultural crossroads where takes part the Palestinian culture. The dialogues are very rich at this point, how do you work with them? Are they actors or non-actors? The dialogues are written or improvised?

AN: I was always trying to be respectful to the given reality, to intervene as little as possible. The music festival is a real event, but it is the stage for a fiction that I invent and dramatize —slightly, though—, so in the movie coexist different levels of reality. This respect for the immediate reality is applied to the actors as well. With the exception of one of the persons playing in the film (the costume girl), none of them is a professional actor. It can be said that the “non-actors” make of themselves because they respond to their name, the words also belong to them and because they play the same role in the daily life.

We have to create different pictures on the Palestinian life, but we also need to release it from the images-cliché to which we became accustomed by the media, and this requires asking ourselves about how to tell something and to think in new ways of telling.

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