Reseña en el diario La Maleta

Reseña por Roberto Doveris aparecida en el número 5 del diario La Maleta (el periódico del Festival Internacional de Cine de Valdivia), el 6 de octubre. Descargable en esta página.

A propósito de El espíritu de la colmena, el crítico de cine Adrian Martin reflexionó sobre aquellos momentos iniciales de cualquier film en que el desconocimiento de la trama y el conflicto, le permite al espectador sumergirse en el devenir de acciones, personajes y lugares sin saber estrictamente cómo están relacionados entre sí, lo que dispara la imaginación hacia todos lados. Es en esa desconcertante incertidumbre que aflora algo que pocas veces notamos, y que para Pier Paolo Pasolini sería la poesía cinematográfica. Two Meters of this Land, del director español-palestino Ahmad Natche, es de esas películas que mantienen la suspensión del relato lo que más pueden y por ello, incluso siendo bastante sencilla en su puesta en escena, resulta ser profundamente enigmática y poseedora de un extraño encanto.

De índole coral, la obra comienza en las oscuras oficinas de una productora de televisión que aparentemente realizará la cobertura de un evento ligado a la cultura palestina. Sin embargo, la distancia con las cuales observamos el acontecer de las escenas no nos permite acceder a la trama de manera directa: vemos las espaldas de los actores en la penumbra en vez de sus rostros, y el diálogo que sostienen es sobre unas fotografías que sólo podemos imaginar por las descripciones e impresiones que causan sobre los personajes. La inmovilidad tanto de ellos como de la cámara nos transmite la sensación de que somos espías de algo de lo que no formamos parte, una distancia observacional mucho más cercana al código documental pero que en esta ficción nos permite percibir de manera sugerentemente imparcial la pluralidad de voces que componen el horizonte cultural sobre el que vive actualmente el pueblo palestino.

Rostros, idiomas y herencias culturales diversas se yuxtaponen y dialogan en lo que parece ser el backstage del primer festival de música palestina. Sin embargo, y al contrario de lo que supone un magno evento, lo que la cámara de Natche registra es la preproducción, las esperas, las coordinaciones y los encuentros humanos que ocurren a propósito del certamen, más cercano al silencio que al bullicio, a lo cotidiano que a lo espectacular. Es de día, son los preparativos y estamos en una ciudad desde cuya colina más alta se puede divisar Jerusalén, apenas a una treintena de kilómetros, pero no todos pueden circular libremente hacia la tierra santa por lo que aún cuando el film está desvinculado de la violencia directa en la cual se ha visto envuelto este enfrentamiento cultural tan caro para el siglo XX, es patente esa otra violencia, la que los palestinos deben soportar día a día, y en torno a la cual han debido construir sus vidas. El relato de una anciana mujer es quizás lo más cercano a un abordaje de esta temática, sin embargo el film tiende más bien a esquivarla, quedando subterránea pero fuertemente presente en el transcurrir de un tranquilo día soleado que reúne a periodistas, cineastas, músicos y técnicos con el fin de difundir la cultura palestina, intentando revitalizar los vínculos con occidente.

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