Entrevista en Aish/عيش

“Quiero evocar el anhelo del espacio vital usurpado a los palestinos”

Escrito por David Perejil – Miércoles 09 de Mayo de 2012

Entrevista a Ahmad Natche, director de Dos metros de esta tierra (متران من هذا التراب).

“Me bastarían tan solo dos metros de esta tierra” arranca con dolorido orgullo el poema Mural, del gran poeta palestino Mahmoud Darwish. También es el título de la película rodada por Ahmad Natche para narrar un “rincón de la vida palestina”. Anhelos, deseos, retazos de sueños, los de  “los palestinos son seres humanos que ríen, viven e, incluso, tienen una muerte normal. No sólo los matan”.

Empiezo por la situación actual. ¿En qué parte del proceso os encontráis?

La película se encuentra en la fase de posproducción. Durante marzo y abril se ha realizado la corrección de color, y ahora mismo se está montando el sonido, que luego se mezclará. Espero que para finales de mayo o principios de junio ya esté terminada.

Según leo en tu blog, el proyecto comienza en 2009. ¿Cómo llevas trabajar en un proyecto tan largo?

El cine es un medio muy costoso. En el cine independiente de bajo presupuesto, como es el caso de Dos metros de esta tierra, es habitual que desde la concepción de un proyecto hasta su finalización pasen varios años, a veces muchos, mientras van apareciendo los recursos que permiten hacer frente a todas las etapas de la producción. En realidad, este proyecto nace un año antes de rodar, en 2008, durante el verano que viví en Palestina en busca de ideas para el guión del largometraje; luego, durante el año siguiente, desarrolle el guión y busqué apoyos.

¿Qué te aporta el proceso de búsqueda de fondos y de recorrer festivales?

Es mi primera experiencia con un largometraje de ficción y las dificultades no han sido pocas. Sabía que desde España sería difícil encontrar apoyos para una película filmada en Palestina y hablada en árabe; por eso desde la concepción de la idea, intenté pensar en un proyecto económico y manejable, sin restarle ambición artística. Me hubiera gustado implicar a alguna productora o institución española, aunque no lo conseguí. Finalmente, el respaldo fundamental para rodarla surgió fuera de España, en el terreno donde íbamos a filmar, a través de una fundación cultural palestina y una televisión local de Ramala. Me parece importante resaltar el hecho de que es una de las pocas películas largas de ficción palestinas producidas con equipo y recursos básicamente locales. La mayoría de los proyectos que se realizan allí son coproducciones con países europeos o con Estados Unidos.

Centrándonos en la película, ¿qué va a encontrar el espectador en Dos metros de esta tierra?

Soy partidario de que cada espectador cree su propia película, así que espero que cada persona encuentre algo diferente en ella. Me gusta la figura del espectador —o del lector— colaborador, que Julio Cortázar defiende en la literatura y Abbas Kiarostami en el cine; aquel espectador que no consume pasivamente la película sino que participa en su creación junto con el autor. Yo me he limitado a ofrecer mi punto de vista personal sobre un rincón de Palestina a partir de la observación detenida de la realidad. Resumiendo la historia en pocas palabras, la película cuenta lo que sucede una tarde de verano en un teatro al aire libre de las afueras de Ramala, durante la preparación de un concierto.

¿Qué orientación quieres transmitir al ponerle como título unos versos de Darwish? Tengo clavados en la cabeza otros versos suyos: “Los palestinos son seres humanos que ríen, viven, e incluso tienen una muerte normal. No solo los matan”.

Veo muy apropiado el término orientación porque para mí el título de una obra es ante todo eso: señalar una dirección, como ha dicho alguna vez Godard; y por ello es fundamental empezar a elaborar un escrito o una película con el título ya decidido. En este caso elegí uno de los últimos versos del libro Mural, en los que habla del terreno que necesitará el día que muera. Darwish es el poeta del desarraigo palestino, y en esos versos condensa la importancia que el espacio tiene para él incluso más allá de la vida. El espacio y el modo en que se ocupa tienen un gran protagonismo en esta película y, de hecho, creo que son los grandes asuntos de la vida en Palestina. También me parece oportuno que recuerdes esas otras palabras de Darwish, con las que implícitamente critica la imagen estereotipada que se tiene de los palestinos y defiende el derecho a verlos en situaciones diferentes a las que transmiten los informativos de televisión.

¿Qué hay de Mahmud Darwish en tu primera película?

Como hispano-palestino siento una gran admiración por ese poeta, aunque lo había leído desordenadamente antes de empezar a trabajar en esta película. Darwish murió mientras yo concebía el guión y fue enterrado muy cerca de la localización que había elegido para rodar, así que eso le dio un nuevo significado al proyecto.

A partir de ese momento leí más a fondo su obra, que fue una gran inspiración. Me propuse mostrar algunos gestos de la vida palestina evocando su persona, aunque él no apareciera nunca en pantalla. Me interesaba sugerir, desde el mismo título, el anhelo del espacio vital usurpado a los palestinos. Asimismo me acordaba del Darwish que, tras haber sufrido la prisión y el exilio, canta a las pequeñas cosas que lo vinculan a la tierra, como el primer café de la mañana o la flor de un almendro, a la que dedicó uno de sus últimos poemas. No obstante sería erróneo pensar que es una película sobre Mahmud Darwish; igual que no es una película musical aunque la música sea un permanente telón de fondo.

Al presentar la película en festivales, has dicho que es poco convencional; ¿cómo está estructurada?

Un rasgo sustancial es que toda la acción transcurre durante una sola tarde en un único lugar. Por otra parte, los actores no son profesionales y hacen de sí mismos, lo que, de alguna manera, pone en cuestión la frontera entre el documental y la ficción.

¿Imprimé algún carácter especial a la película tu doble mirada palestina y española?

Filmar un largometraje en Palestina era para mí una necesidad casi visceral desde hacía muchos años. Yo he nacido y vivido casi siempre en España, pero también me siento parte de Palestina y considero un deber ético reflejar aquella realidad. Como cineasta, mi responsabilidad es hacer visible lo que de otra forma no lo sería, y en el caso de Palestina eso supone hacer que ocupe un lugar que se le niega.

Por último, me gustaría preguntarte sobre algunos asuntos más generales. ¿Crees que el cine palestino es conocido?

En realidad no hay mucha más producción industrial o de largometrajes que lo que llega a los festivales y, eventualmente, a las salas de Europa; es decir, el cine de Elia Suleiman, Annemarie Jacir o Michel Khleifi, que son coproducciones más o menos lujosas con Europa o Estados Unidos. Por otro lado, hay mucha actividad de cortometraje realizados por aficionados, sin pretensiones comerciales y con escasa repercusión dentro de Palestina y fuera de ella.

¿Te parece que la dura situación cotidiana en Cisjordania, Gaza y los campos de refugiados se refleja en las obras creadas por los palestinos?

Por los trabajos de amigos y de otras personas que he conocido durante mis estancias allí y organizando algún ciclo de cine palestino, percibo una preocupación por diversos temas; de ellos, sobre todo son dos los que casi siempre están presentes: la definición de la identidad propia a través de la memoria y la dificultad de movilidad espacial. A estos se añaden en menor o mayor medida otros problemas derivados de la situación de ocupación israelí.

Publicado en la web de Revista Aish (Revista de análisis e información de la vida árabe).

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