Michel Khleifi en Madrid

Conocí al cineasta Michel Khleifi en la inauguración de la Muestra de cine palestino de Madrid, en el Cine Doré, el pasado viernes. Acudía a presentar su último largometraje, Zindeeq (2009), protagonizado por Mohammad Bakri, que también llegará a la muestra esta semana.

Michel Khleifi (nacido en Nazaret y afincado en Bruselas) es un nombre clave en la historia del cine palestino. Si Mustafa Abu Ali, del que hablaba hace unos meses, es el primero que realiza de forma sistemática un cine de preocupaciones palestinas, Khleifi es el primero que lo puso en el mapa desde que en 1987 entusiasmara a los festivales internacionales con Boda en Galilea (عرس الجليل), también considerado como el primer largometraje palestino propiamente de ficción (con un guión y actores que lo representan).

Khleifi es un tipo cálido y sencillo. Me autopresenté a la salida de la proyección felicitándole por su película y diciéndole que yo también estuve filmando en Palestina hace un año, y que su hermano George Khleifi, realizador y productor de televisión en Ramala, había sido un interlocutor muy valioso durante la preparación del rodaje.

Venía desde Bruselas con la película bajo el brazo, en un vídeo-casete Betacam. El film se rodó en Super-16mm, pero finalmente no hubo presupuesto suficiente para hinchar a película de 35mm —aunque ganó un importante premio de postproducción en el festival de Dubai hace un año—, así que ha renunciado a proyectarlo en cine y lo hace en vídeo allí adonde va.

Que este pionero del cine palestino, en su primer largometraje de ficción en catorce años, haya regresado a sus orígenes practicando una creación de la pobreza (como decía contraponiéndola a una pobreza de la creación), es una demostración de humildad y una prueba de que la libertad del cine tiene que buscarse —cada vez más— en los dominios del vídeo.

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